Un minusválido que tenga dificultades para el desplazamiento, o simplemente que utilice silla de ruedas para el mismo, se va a encontrar con una dificultad añadida si las instalaciones deportivas no se encuentran adaptadas, lo que impediría la práctica deportiva.
La solución a ese problema es sencilla, y consiste en eliminar las barreras existentes, o bien evitar que se produzcan desde un principio, por lo que desde aquí animo a los arquitectos que realicen proyectos de instalaciones deportivas para que tengan en cuenta las pautas marcadas por la Carta Europea de Deporte para los minusválidos, ya que en ella se encuentran todos los criterios que han de seguirse para evitar esas barreras, y que a continuación vamos a resumir de una forma muy básica.
Adaptación de los accesos
Lo primero que hay que observar es la eliminación de barreras en los accesos.
Un inconveniente importante se puede encontrar en la falta de adaptación de los aparcamientos, que deben situarse lo más cerca posible de la entrada al edificio, y en ningún caso a más de 40 metros de distancia. Cada veinticinco plazas de aparcamiento, como mínimo, habrá una reservada a minusválidos.
Las dimensiones de esas plazas de aparcamiento tendrán, como mínimo, 3 metros de anchura por 6 metros de longitud. En caso de plazas cercadas. la anchura mínima será de 3,30 metros.
Los accesos y zonas circundantes a la instalación tendrán rebajes en sus aceras, con una inclinación máxima del 10 por 100, evitando los bordillos en rampa o ángulo, que son peligrosos para el acceso de minusválidos. El tipo de plaquetas utilizado en esa zona deberá ser diferente al del contorno, tanto en estructura como en color, para ser apreciable al tacto, favoreciendo su reconocimiento, de esta forma, a personas con capacidad visual reducida.

